AMPA de Sevilla "Escuelas de Calor"

IMBRODA Y LAS AMPA


Si algo ha quedado claro en las intervenciones del señor consejero de Educación de la Junta de Andalucía, Javier Imbroda, es que no ve con buenos ojos a esa parte de la comunidad educativa esencial que son las familias. No a todas, claro. Las calladitas, las que se limitan a llevar al niño o niña al cole sin pasar de la puerta y que se costean los recursos que la Administración no pone (desde folios o papel higiénico hasta pizarras digitales y aires acondicionados o calefacción) a través de rifas o tómbolas, esas sí le gustan.

Dice el señor consejero que hay que redefinir el papel de las asociaciones de padres de alumnos (a las madres y a las alumnas las obvia) cuya responsabilidad “acaba en la puerta del colegio” para dejar trabajar a los docentes sin colonizar como pasa en algunos casos en la actualidad.

Con estas declaraciones el titular de la Consejería de Educación manifiesta una evidente ignorancia de una de las leyes que rige el ámbito que gestiona. Fíjense:

DECRETO 27/1988, de 10 de febrero, por el que se regulan las asociaciones de padres de alumnos de centros docentes no universitarios en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Art. 5º. Las asociaciones de padres de alumnos son un cauce fundamental para posibilitar la participación de los padres o tutores de los alumnos, en su caso, en las actividades de los centros escolares. Para ello tendrán aquellas finalidades que se fijen en sus estatutos, dentro de las siguientes.

a) Asistir a los padres o tutores en todo aquello que concierne a la educación de sus hijos o pupilos.

b) Colaborar en las actividades educativas de los Centros, y en las actividades complementarias y extraescolares de los mismos.

c) Organizar actividades culturales y deportivas.

d) Promover la participación de los padres de los alumnos en la gestión del Centro.

e) Asistir a los padres de alumnos en el ejercicio de su derecho a intervenir en el control y gestión de los Centros sostenidos con fondos públicos.

f) Facilitar la representación y participación de los padres de alumnos en los Consejos Escolares de los Centros públicos y concertados, para lo cual podrán presentar candidaturas en los correspondientes procesos electorales.

g) Promover el desarrollo de programas de Educación Familiar.

h) Representar a los padres asociados a las mismas ante las instancias educativas y otros organismos.

i) Cualesquiera otras que, en el marco de la normativa a que se refiere el artículo anterior, le asignen sus respectivos estatutos.

Que a este señor le molesten las familias, sobre todo las que actuamos de forma organizada en las AMPA, es un problema -sobre todo para él-, pero desde luego no estamos haciendo más que ejercer el papel que la propia ley nos reconoce.

Al margen de lo legal está lo legítimo. Somos las madres y los padres los que, por obligación, dejamos a nuestro bien más preciado, nuestros hijos e hijas, en manos de profesionales de la educación (que trabajan muchas veces en contra de los elementos y en infraestructuras indignas y obsoletas), y como es lógico no podemos desentendernos de lo que sucede en los centros educativos. Cuando acudimos a una tutoría no lo hacemos para fiscalizar sino por saber qué pasa con nuestro hijo o hija, si aprende, si tiene dificultades, si se porta bien, si se integra con sus compañeros/as de clase, en qué podemos ayudar y cómo.

Que haya familias que vayan con otras actitudes -de todo hay, como hay buenos y malos docentes- no justifica que se generalice y se meta a todas las familias en el mismo saco. Porque no es verdad. Y porque muchas de nosotras sabemos que no hay que buscar culpables en los centros, generalmente los culpables están en los despachos como el del señor consejero y similares. Son pésimos gestores, como Javier Imbroda -que no es pionero, ya los hubo antes-, los que se están cargando la educación pública.

La exigencia al profesorado que el señor consejero tilda de “inhumana” no viene por parte de las familias que están, según su parecer, examinando la actuación de los y las docentes. Viene por la ingente burocracia a la que están sometidas, porque no paran de cambiarles instrucciones (en muchos casos absurdas) con las que desarrollar su trabajo, porque las plantillas son inestables y se ven incapaces de desarrollar su proyecto educativo, porque trabajan muchas horas fuera de su jornada, porque no se cuenta con ellos para nada que no sea obedecer, porque el que más y la que menos ha pasado por varios centros y varias provincias, porque las ratios son inabarcables, porque tiene alumnado con necesidades educativas especiales al que no puede atender sin apoyo de personal especializado, porque se le obliga a aprobar alumnado que no ha cumplido los objetivos educativos exigibles en aras del PISA y demás rankings, porque soportan temperaturas que no respetan su salud laboral… ¿Seguimos?

El señor Imbroda yerra el tiro. Las AMPA no somos colonizadoras porque los centros educativos son un terreno tan nuestro como del resto de la comunidad educativa. Lo que le molesta es que “algunas AMPA” seamos exigentes en que se cumpla lo que marca la ley, que tengamos claro nuestro papel en los colegios e institutos reivindicando nuestros derechos (igual que la mayoría cumplimos con nuestras obligaciones) y defendiendo una educación pública de calidad.

Pero al señor consejero le gustan las AMPA que se organizan para sacarle las castañas del fuego y buscan recursos para comprar pizarras digitales, arreglar desperfectos o climatizar las aulas. Eso es un copago que genera desigualdad y desde Escuelas de Calor no vamos a ser cómplices. Pagamos impuestos para recibir una contrapartida en servicios públicos de calidad. (Ya escribimos sobre esto una vez http://ampasdesevilla.blogspot.es/categoria/repago/)

La educación pública es un derecho y no vamos a bajar la guardia. Le vamos a poner todas las dificultades que podamos para que el #PlanImbroda de deteriorarla y desmantelarla no salga adelante. Se va a “jartá” de AMPA. ¡Todavía más!



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